RESUMEN: En el presente artículo se mencionan algunos elementos que muestran la situación de las humanidades en el auge del neoliberalismo. Asimismo, la premisa que, para comprender el mundo moderno, son necesarios los ámbitos del saber humanístico, científico y tecnológico para encarar los problemas de nuestro siglo. Del mismo modo, se critica la visión que se tiene de la educación: estar al servicio exclusivo de la sociedad de mercado. Se propone una perspectiva sobre la educación e implícitamente se sugiere la necesidad de una investigación científica.

PALABRAS CLAVE: Humanidades, Neoliberalismo, Educación integral, Humano, Conocimiento

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RESUMEN: La sociedad del siglo pasado fue partícipe y protagonista de cambios en medios y tecnologías de comunicación e información. El surgimiento y la rápida expansión de Medios Masivos de Comunicación (MMC) y de Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) propició el campo disciplinar de la comunicación, al cual fueron arribando fenómenos como el de emisión, transmisión, codificación, decodificación y recepción de mensajes.

En relación con este fenómeno social masivo que hoy percibimos a través de MMC y TIC cabe preguntarse: ¿cuál ha sido el rol del historiador en este proceso? ¿Se ha preocupado por abordar cómo se van divulgando o configurando las diversas interpretaciones del suceso histórico? ¿Le compete (o no) al historiador buscar y seguir el rastro de la historia a través de los medios y tecnologías de comunicación masiva? ¿Ha reflexionado qué metodología pudiera proponer para hacerlo? ¿Ha pensado cómo trabajar una propuesta interdisciplinaria con la comunicación de masas?

PALABRAS CLAVE: Medios y tecnologías de comunicación masiva, Historia, Propuesta interdisciplinaria

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Tlamatini nació hace 32 años gracias al impulso académico de estudiantes y profesores de la Facultad de Humanidades de la Universidad Autónoma del Estado de México. El soporte inicial de esta revista: papel reciclado; su tiraje: menos de cien ejemplares en mimeógrafo; su alcance difusor: los integrantes de la propia Facultad.

A partir de este 2014, con el mismo impulso académico y humanístico de sus inicios, se adapta: el soporte no será el papel, sino la hipermedia; los lectores pertenecerán a la aldea global; el número de ejemplares será contabilizado por la cantidad y el tiempo de acceso de los internautas de la propia Facultad y sus pares del mundo.

Ahora, Tlamatini, nueva época, busca ser punto de convergencia de la comunidad de la Facultad –estudiantes, académicos, administrativos– al mismo tiempo que nódulo de la red de intercambio académico y cultural que se extienda de lo local a lo global. Así, esta publicación tiene la vocación de reflejar el rico mosaico humanístico –unidad conformada por lo diverso–, como la humanidad misma. Por ello, el subtítulo de Tlamatini: Mosaico humanístico.

Como se constatará, las páginas electrónicas de Tlamatini. Mosaico humanístico están abiertas a las disciplinas que conforman las Humanidades sin dejar de lado otras disciplinas sociales ni la actividad artística en los diferentes formatos que la hipermedia nos permite: dibujo, fotografía, audio, video, hipertexto.

Tlamatini. Mosaico humanístico estará abierto a la colaboración de los integrantes de la comunidad de la Facultad al tiempo que a sus pares de la aldea global con quienes establecen intercambios culturales y académicos; por ello, el trabajo histórico, literario, filosófico, artístico actoral y el de las ciencias de la información será privilegiado, como será privilegiada la producción estudiantil, y no solo en lengua española sino en inglés, francés, italiano u otro idioma, siempre que haya autores y lectores que realicen intercambios académicos, sin olvidar que el arte posee lenguaje universal.

Como se ve, nunca mejor dicho que una revista es de sus lectores, no solo porque sin lectores ningún texto existe, sino porque ellos están llamados a ser colaboradores. Así, con este primer número de nueva época, Tlamatini. Mosaico humanístico abre sus páginas a los lectores y autores de la aldea global: si nada humano nos es ajeno, pensar, escribir, construir profesionalmente el mundo ha de ser nuestra pasión.

Las fotografías que constituyen la siguiente secuencia apelan a la reacción del espectador, pues retratan un cuerpo desnudo en el que se oculta el rostro y la zona púbica del cuerpo. A través de ellas, se muestra todo; pero, al mismo tiempo, no se muestra nada. Solo de esta manera, el receptor se da cuenta de que lo que mira está incompleto, le falta algo: la identidad.

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Lo anterior confronta lo que regularmente se espera, o sea, que el cuerpo sin atavíos exhiba un rostro o resalte ciertas partes del cuerpo.

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En “¿Qué ves?”, el fotógrafo esconde para motivar la imaginación del observador, quien verá lo que desea. Esta cualidad de reconstrucción a través la mirada imposibilita nombrar las imágenes de manera individual, pues el número también supone una huella.

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En Perú, las dos décadas a finales del siglo xx estuvieron fuertemente marcadas por el horror del terrorismo, la crisis económica, el declive social, la rebelión, el conflicto armado interno y el golpe de Estado. La violencia que generaron, tanto grupos izquierdistas de Sendero Luminoso o el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (mrta), como las Fuerzas Armadas y la hostilidad del gobierno, en los años ochenta, daba paso a la guerrilla y a la violación de los derechos humanos. Para 1992, debido al golpe de Estado propiciado por el presidente Alberto Fujimori, se disolvió el Congreso de la República. Este enfrentamiento se destaca por las masacres, secuestros y desapariciones.

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En 1980 el semiólogo Umberto Eco publica su primer trabajo literario intitulado Il nome de la rosa. Doctorado por la Universidad de Turín en 1954, con su trabajo sobre El problema estético en Santo Tomás de Aquino (1956), Eco destaca su vehemente interés por la estética medieval y ambienta El nombre de la rosa en una abadía del siglo xiv, ubicada al norte de Italia. Aunque Eco confiesa haberse inspirado para el universo del relato en la abadía La Sacra di San Michele, considera que para poder inventar libremente hay que ponerse límites y que “…en narrativa, los límites proceden del mundo subyacente [la abadía]. Y esto no tiene nada que ver con el realismo. Puede construirse un mundo totalmente irreal, donde los asnos vuelen y las princesas resuciten con un beso” (Eco, 1998: 641). Por lo cual, en las primeras líneas y dentro de los límites de lo irreal, el autor conserva el nombre de la abadía, oculto por un piadoso manto de silencio.

Reseña completa en: Tlamatini 1

Es consabido que el 1° de marzo de 1854, un grupo de hombres se pronunciaba en Ayutla en contra de Antonio López de Santa Anna, dictador de México en ese entonces, quien un año antes, fue sostenido por el grupo conservador que lo llevó al poder. La dictadura era el trampolín desde el cual se proyectaba la monarquía como forma de gobierno para México (Villalpando, 2002: 392). El Plan, como resultado del malestar que el gobierno de Santa Anna había generado entre los liberales y los propios conservadores, convocaba a una revolución en su contra y, a su triunfo, a la instauración de un gobierno provisional –que habría de recaer en manos de uno de sus promotores, Juan Álvarez– (Plan de Ayutla, artículos 1º y 2º). Hasta aquí la historia conocida. Sostenemos que estos postulados son los únicos notables cuando se habla del Plan de Ayutla, aquí parecen terminar sus efectos. En torno al Plan, se desconocen sus fundamentos, esto se traduce en un conocimiento somero y en una escasa reflexión sobre su trascendencia. 1

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Notes:

  1. A menudo se llega a desconocer la legislación expedida en la historia del país. Un caso paralelo al presentado lo encontraríamos con el Plan de Tacubaya que más tarde, y como consecuencia del desconocimiento a la Constitución de 1857, expiden los conservadores. El imaginario colectivo diría que mediante este documento se ignora al texto constitucional sin sospechar que, para subsanar este ataque, el Plan estipula la convocatoria de un nuevo congreso que se habría de encargar de redactar un otro texto constitucional acorde con la “voluntad nacional” (Plan de Tacubaya, artículo 3º). De semejante enunciado emitido en este documento se constituiría un Estatuto Orgánico Provisional, como ya lo previene el estudio pionero de Óscar Cruz Barney en La república central de Félix Zuloaga y el Estatuto Orgánico Provisional de la República de 1858. Otro desconocimiento es que tradicionalmente los conservadores han sido silenciados en la historiografía liberal y no siempre se llega a conocerlos por sus propias fuentes.

Una vez escribí “si Homero cobrara regalías, el mundo se quedaría pobre”. Un amigo economista me respondió que el mundo sería más rico, porque la riqueza no es un monto, sino un flujo. Yo no tenía idea de cómo podría definirse la riqueza, aunque tiempo después encontré una definición interesante en el libro de un genio, Richard Buckminster Fuller, quien dice: “La riqueza es nuestra capacidad organizada para lidiar efectivamente con el entorno en el mantenimiento de nuestra regeneración saludable y disminuir las restricciones físicas y metafísicas de los días futuros de nuestras vidas” (Buckminster Fuller, 1969: 25-28). La riqueza convencional que tienen los monopolistas de la información (el capital) está acabando con la riqueza buckminsteriana de los seres humanos que vivimos en la Tierra.

Lo cierto es que si a Homero le hubieran cobrado regalías, Ilíada y Odisea jamás se hubieran escrito (trata de imaginar a todas las personas que forman la tradición oral griega que lo antecedió). Pierre Joseph Proudhon, el anarquista francés que reclamó la propiedad como un robo, también se cuestionaba en el siglo xix sobre el comercio homérico, y escribió:

Si Homero me recita sus versos, apreciaré su genio sublime, en comparación del cual yo, sencillo pastor, humilde labriego, no soy nada. Si se compara obra con obra, ¿qué son los quesos que produzco y las habas que cosecho para el mérito de una Ilíada? Pero si, como precio de su inimitable poema, Homero quiere apoderarse de cuanto tengo, y hacerme su esclavo, renuncio al placer de sus versos y le doy además las gracias. Yo puedo pasarme sin la Ilíada, mientras Homero no puede estar veinticuatro horas sin mis productos (Proudhon, 1840; 59-65).

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En algún momento del desarrollo de las escuelas budistas surge una palabra que, si bien existía ya en los textos tradicionales, toma un lugar central. Este vocablo es sunyata, normalmente traducido como vacuidad o vacío, es el monje Nagarjuna quien se encarga de reinterpretarlo (Arnau, 2005a: 496).

Anteriormente se hablaba de la no existencia de un “yo” fijo, inmutable (al contrario de la idea tradicional cristiana que otorga un papel privilegiado al concepto del alma, que es naturalmente sustancial y permanente), pero después, con la aparición de nuevos sutras, comienza a narrarse lo que es el vacío. Entre estos testimonios escritos se halla un conjunto de textos denominados “la perfección de la sabiduría” o prajñaparamita, en su lengua original sánscrita. Estos tienen una extensión mayor a los demás, adquirieron importancia al introducir nuevas interpretaciones a viejos conceptos; fue en este contexto donde se ahonda detenidamente en torno a la idea de la vacuidad. Asociada a la noción previamente vista de la condicionalidad, sucesos interdependientes los unos de los otros, incapaces de existir por sí mismos sin ser afectados por las circunstancias externas y la insustancialidad, que afirman que nada es eterno, permanente y dotado de una esencia fija; la vacuidad como categoría filosófica reúne ambas cualidades para afirmar que, en última instancia, todo lo que proviene de condiciones está vacío (Sangharákshita, 2010: 15).

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